11/12/13

LA HIGIENE

   El simple hecho de practicar un lavado de manos frecuentemente pone freno a muchas enfermedades de tipo infeccioso e incluso tóxico. Esto es importante, sobre todo antes de preparar y consumir los alimentos y en el trato con los niños pequeños.
   Las caries y la piorrea son problemas dentales de elevada frecuencia en nuestro medio (según estadísticas, en los países desarrollados padecen caries un 60-70 % de los niños entre 6 y 14 años) y que se previenen en parte al cepillarse los dientes. La caries, proceso patológico que reblandece la parte dura del diente y evoluciona haciendo la formación de una cavidad, se produce por la acción de algunos gérmenes sobre los azúcares refinados de la dieta, con la consiguiente aparición de unos metabolitos que forman la placa dentaria que se deposita sobre el esmalte dental; sobre dicha placa actúan los lactobacilos y se produce la caries.
   Se ha comprobado científicamente que la presencia de 1-1,5 partes por millón de flúor en el agua de consumo y administrado a niños desde 6 hasta los 14 años, disminuye la incidencia de esta enfermedad en un 60-70 %; las pastillas de flúor, prescrita por el médico, lo hacen en un 40 % y el flúor de las pastas dentífricas lo logran en un 5 %. Lo más importante del lavado de los dientes es precisamente el cepillado (con cepillo de nylon), que no deja depositar la placa dentaria. Como se ve, el consumo de azúcar refinados y caramelos y golosinas es una de las causas que más colaboran en la aparición de la caries.
   La higiene y la alimentación equilibrada son dos de los hábitos saludables de mayor importancia. Tanto uno como el otro se reflejan directamente sobre algunas partes concretas del cuerpo, como la dentadura. Una buena higiene bucal y una dieta equilibrada, en la que no se abuse del azúcar refinado ni de los dulces en general, previenen las caries dentales. 

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