2/9/11

Aparato digestivo de la paloma

v.- Digestión en los estómagos
El estómago de las aves se divide en dos porciones; el estómago glandular (proventrículo o ventrículo succenturiado) y el estómago muscular (molleja).
En el primero de ellos desemboca el esófago y sirve de tránsito a los alimentos hacia la molleja, en él se segrega ácido clorhídrico y pepsina, para degradar los granos.
La molleja es un órgano eminentemente muscular, recubierto interiormente por una mucosa glandular que segrega una sustancia proteica que se endurece y forma una coraza protectora interior, que defiende al órgano de la acción de las piedrecitas ingeridas juntos con los alimentos y que contribuye a su maceración.
La misión de este órgano no es otra que la de triturar los granos reduciéndolos a masa, homogeneizándolos al mismo tiempo, para esto nunca es suficiente la importancia dada al (grit), que nunca debe faltar en el palomar.
La importancia del (grit) tiene un doble sentido, por un lado, aporta, en su contenido; calcio, fósforo, magnesio y azufre entre otros elementos imprescindibles para la vida del animal, así como numerosos oligoelementos (hierro, cobalto, etc. de sumo interés.
- estimulan el completo desarrollo del aparato digestivo.
- aumenta la digestibilidad de los piensos.
- favorecen el aprovechamiento de las raciones.
VI.- Digestión en el intestino.
El intestino de la paloma al igual que en el resto de las aves, es más corto proporcionalmente que de los mamíferos, así mismo el tiempo de paso del alimento por su longitud es sensiblemente más corto que en éstos, por tanto tiene que ser muy eficaz.
Las palomas poseen un intestino reducido casi por completo a intestino delgado (duodeno, yeyuno e ileon), pues el intestino grueso sólo está representado por el recto, ya que las aves carecen de colon y la paloma ve reducido sus ciegos a dos pequeños sacos, que posiblemente no tengan importancia en la digestión.
En las primeras porciones del intestino delgado, el alimento triturado y preparado en los estómagos, recibe el jugo pancreático, que contiene equipos enzimáticos con actividades proteolíticas, amilolítica y lipolítica (degradan las proteínas, los azúcares y las grasas) y la bilis procedente del hígado, cuya función se centra en el desdoblamiento de las grasas.
En el intestino delgado además de terminarse la digestión de los alimentos, se absorben la mayor parte de los nutrientes necesarios para la vida de las palomas y para el desarrollo de sus funciones.
En este órgano se presentan dos movimientos, unos peristálticos que hacen progresar los alimentos, y otros de entremezclado. En ocasiones, se pueden manifestar ondas antiperistálticas que hacen regresar los alimentos a los estómagos e incluso al buche, como fruto de alguna obstrucción intestinal, estreñimiento u otras disfunciones del órgano.
En esta parte del aparato tiene su génesis, en la mayoría de las ocasiones, el síndrome más frecuentemente encontrado en la clínica de las palomas, la diarrea.
Esta, por el aspecto de las heces, la podríamos clasificar a groso modo en acuosa, blanca, verde, negra y blanda.
La diarrea acuosa generalmente se puede dar dentro de las salud, en animales sometidos a ayuno o cuando beben agua en exceso, por ejemplo, a la vuelta de un concurso, por ello es conveniente, en esos momentos, mantener a los animales alejados del agua durante medía hora tras su llegada. De todas formas esta misma diarrea (serosa) puede aparecer al comienzo de cualquier proceso infeccioso o parasitario intestinal pues la inflamación de la mucosa además de impedir la absorción de agua hace que pasen líquidos (suero) desde la sangre al intestino.
El segundo tipo de diarrea, la blanca, suele aparecer en la salmonelosis (mal de ala, paratifus, etc.), pero esta vez el color blanco lo confiere el pus excretado por los haces (diarrea purulenta).
Sin producir diarreas, el color verde de las heces nos indica una gran cantidad de pigmentos biliares, cuyo contenido en heces aumenta tras la rotura masiva de glóbulos rojos en la sangre, como causa principal, producida generalmente por una infección masiva de haemoproteus (protozoo que parásita los glóbulos rojos de las palomas.
No obstante, la diarrea verde casi siempre sigue a periodos de estreñimientos y las heces presentan síntomas de una gran putrefacción (heces malolientes). Esto suele aparecer en infecciones masivas por vermes planos o redondos.
La diarrea negra, marrón o sanguinolenta se debe casi siempre a una gran infección por coccidiose u otros parásitos lesionadores de la mucosa, los cuales producen alteraciones en los primeros tramos del intestino delgado, lesiones por las que salen pequeñas cantidades de sangre que se digiere en su discurrir hacia la cloaca, perdiendo su color rojo, tomado una tonalidad parda oscura que tiñe a las heces de este color.
La diarrea blanca, en la que las heces no pierden su aspecto normal, se caracteriza por una pérdida de consistencia de los excrementos, tomados éstas una apariencia pastosa, suelen estar producidas por gérmenes clasificados dentro de las enterobacterias (Escherichia coli, Pseudomonas, spp.,) a excepción de las Salmonelas.
Por supuesto, tenemos que advertir que lo anteriormente descrito sólo nos puede servir desde un punto de vista orientativo, ya que cualquier diagnostico debe ser ratificado con pruebas laboratoriales.
No queremos dejar pasar la ocasión sin citar un síndrome esteatorreico en una paloma mensajera que en la actualidad tenemos en observación. Este síndrome, consiste en una mala digestión de las gradas, que no pueden ser absorbidas y que inundan las heces, adoptando éstas una consistencia similar a la pasta dentrifica.
También queremos nombrar una afección de las paredes intestinales, (el devertículo), que es un saco evaginado de éstas que se llena progresivamente de heces y que termina rompiéndose, produciendo una peritonitis y posteriormente, la muerte. La causa primera de este fenómeno la achacamos a algún proceso de obstrucción intestinal (marañas de parásitos, cuerpos extraños y torsiones, etc.
VII.- Defecaciones.
Para terminar la descripción de los fenómenos digestivos debemos citar la emisión de heces hacia el exterior.
Tras atravesar el intestino delgado, las heces se acumulan en el recto, ante el esfinter cloacal (músculo esfíntero), donde tiene lugar la desecación de las heces por la reabsorción de agua que tiene lugar en este tramo. Cuando este órgano está repleto envía información de su estado al cerero, el cual crea un estímulo consciente que induce al animal la presión infraabdominal (contrae la musculatura abdominal y llena los sacos aéreos), y luego se relaja la musculatura del esfinter, prolapsando levemente la cloaca y expulsando de esta manera las deyecciones.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada