22/10/11

La colombofilia en las Islas

La colombofilia en Gran Canaria.
Prologar o, simplemente, redactar algunos conceptos introductorios en cualquier trabajo sobre Colombofilia tiene para mí una triple motivación.
Desde la perspectiva personal, como viejo aficionado, desde la niñez misma, el recuerdo más entrañable que persona alguna pueda tener, por la belleza y lo apasionado de este deporte.
Si a lo anterior se incorpora el ingrediente familiar, es obvio que tengo que escribir con el legítimo orgullo de quien, como yo, es al fin y al cabo descendientes de Santiago Cullen, mi abuelo materno, fundador de la Colombofilia en Canarias y trasmitente a su descendientes del amor a la misma.
Finalmente, desde la perspectiva rigurosamente institucional dejar constancia, una vez más, de la necesidad de potenciar en Canarias la afición a la Colombofilia, caracterizando singularmente porque constituye un modelo de ocupación del ocio y noble competencia radicada primordialmente en claves populares.
Por ello, simplemente por ello, todo el apoyo a la Colombofilia será siempre poco.
A modo de homenaje.
A escribir sobre los inicio de la colombofilia en Canarias, es obligado por todos los conceptos el recordar cómo el nacimiento y posterior impulso de esta disciplina estuvo asociado siempre a la figura entrañable de don Santiago Cullen y Verdugo. Y es que precisamente gracias a su brillante y dilatado quehacer en este campo, acreditado por otra parte a lo largo de nuestra historia con una entrega y sacrificio ejemplar, hizo posible a su vez que un grupo de personas se aglutinara en torno a esta actividad, de tal forma que, con ellos, se pudo consolidar en el tiempo aquel proyecto competitivo elaborado por él mismo a principio de este siglo.
Por eso, a modo de biografía de urgencia, hay que rememorar aquí que Santiago Cullen y Verdugo, nacido en 1862 en Las Palmas de Gran Canarias, era hijo e Arquis Cullen y Sánchez y de Matilde Verdugo y Machado. De él se sabe, además, que cursó estudios de bachillerato en la ciudad de La Laguna y que, finalizados éstos, ingreso en la Academia de Infantería. De esta manera inició así una dilatada trayectoria profesional que hizo que décadas más tarde la culminara con su designación como Gobernador Militar de Tenerife. Aconteció esto en 1925 y diez años más tarde, un 14 de febrero de 1935, fallecía en su isla natal.
Para conocer, aunque con carácter de aproximación, la trayectoria deportiva de don Santiago Cullen y Verdugo hay que reflejar entonces a modo de homenaje que a él se le debe también la constitución de la primera sociedad colombófila de Canarias hoy llamada Real, así como la publicación de una revista denominada La Mensajera del Océano, de la que afortunadamente se guarda varios ejemplares en el Museo canario de Las Palomas. Antes, sin embargo, en 1990, escribió un libro titulado (Nociones de Colombofilia y estudio de telegrafía alada aplicada a las Islas Canarias), de los que hoy sólo se conservan tres ejemplares que, por otro lado, continúan siendo de inestimable consulta para conocer las claves del apasionante mundo de la colombofilia en nuestras islas.
Consideraciones.
El propósito que me guía en el presente trabajo no es el de escribir un tratado de Colombicultura y Colombofilia que autores de sobresaliente mérito han dado a la publicidad; yo, mero aficionado, aunque entusiasta y fanático hasta la exageración, sólo me propongo trasladar al papel mis impresiones sobre las condiciones en que debe desarrollarse en Canarias el Sport Colombófilo, por si fuera de alguna utilidad a los que en bien de la Patria y en alas del entusiasmo, quieren dedicar su actividad tanto a él como a la Telegrafía alada. Por consiguiente, cuando aquí exponga sólo puede tener carácter local, sino otro mérito que el conocimiento del país en que nací, que me permite designar las zonas más adecuadas al modo de ser y naturaleza física de las mensajeras; analizando de paso la posibilidad de los viajes entre Cádiz y Canarias por la Costa occidental de África , viajes a mi entender de fácil realización si se llevan a efecto con prudencia y método.
Ninguna porción del territorio español se ve tan necesitado de múltiples medios de comunicación como la provincias de Canarias alejadas 700 millas de la Madre Patria, sin otro enlace que el cable y los correos semanales, único también que sostienen las relaciones interinsulares, estamos expuestos, si sobrevinieran complicaciones exteriores, a encontrarnos sumidos en absoluto aislamiento, tan luego como un buque enemigo, bajo la impunidad que le ofrece la carencia de escuadra que nos proteja, tenga por conveniente pescar el cable o apresar los correos.
Para penetrarse bien de la vital importancia que para nosotros tiene el sostenimiento de las comunicaciones, hay que suponer un momento que éstas se hallan interrumpidas, no sólo con las costas de España, sino también entre islas, que se verían precisadas a proceder aisladamente, sin noción de los sucesos que se desarrollarán en el exterior, ni cabal idea de su situación, y, como consecuencia, sin avisos de los socorros de víveres y municiones que burlando la vigilancia enemiga tratase de abordar a estas costas. Es, pues, indispensable contrarrestar el efecto moral que en el espíritu de los habitantes pudieran producir el temor a peligros desconocidos, estudiando y perfeccionados sin cesar la telegrafía alada, único que dominado la inmensidad del espacio, y teniendo por motor el amor incomparable de la mensajeras a su vivienda, pueden escapar a los medios ofensivos de un enemigo poderoso.
Considerada como sport, tiene también la colombofilia en Canarias ancho campo donde desarrollarse, si la emulación la impulsa. Interesante resultado los concursos en el Continente cuando recorre el numeroso bando alado interminables llanuras, salvado elevadas cordilleras y arribando, por fin, al palomar en medio de la expectación de las sociedades entusiastas que aplauden el maravilloso instinto de los volátiles. Pero cuando esas cualidades se despliegan sobre el mar inmenso, donde no tiene las mensajeras puntos que les proporcione descanso, ni agua para mitigar la sed; donde al ver sobre su cabeza el espacio infinito, y bajo sus pies las profundidades del mar, el miedo redobla la velocidad convirtiendo el vuelo rápido en vertiginoso, el concurso resulta admirable y capaz de seducir al más profano.
De lo expuesto se deduce que, aparte de la iniciativa de la sección de Ingenieros del Ministerio de la Guerra, protectora pródiga de la Colombofilia, ésta, como útil y amana, debe ser propagada con tesón en el Archipiélago; convencidos de que cuando los encantos que encierra cautiven el ánimo de las clases sociales, y se organicen sociedades y Federaciones, siguiendo la ruta que con brillante éxitos nos ha trazado la sociedad Colombófila de Cataluña, si a imitación de aquellos generosos fundadores repartimos los aficionados de hoy los productos de nuestros palomares entre individuos que reúnan mucho entusiasmo y mayor constancia, y, si, por último, desposeídos de ambiciones y egoísmo, renunciamos temporalmente a la parte de gloria que nos pueda corresponder, a fin de que éstas caiga por entero sobre los neófitos, estimulándolos y engrandeciéndolos, habremos logrado en poco tiempo crear un numeroso contingente alado que, a despecho de ambiciones extrañas, mantengas sin interrupción las comunicaciones, y, con ellos, las recíprocas corrientes de entrañable amor entre la Madre Patria y las Islas Canarias, una de sus provincias predilectas.
Sueltas de reconocimiento.
Las sueltas de reconocimientos son unos pequeños ensayos que se ejecutan con el pichón cuando tiene dos o tres meses de edad, con el fin de que empiece a ejecutar los alrededores del palomar. en Las Palmas dan un buen resultado las sueltas verificadas en el extremo del muelle rompe-olas del Puerto de la Luz, Secaderos de Fornos en Tafira, y punto conocidos por la Laja, camino de Telde; sobre todo si se llevan a efecto soltando uno a uno los pichones con el intervalo de tiempo necesario para que al dar libertad a cada uno haya desaparecido el anterior.
Estas sueltas preliminares, que se pueden considerar como las primeras nociones que se dan al individuo de su misión posterior, son tan delicadas y peligrosas, puesto que en ellas el pichón adquiere fácilmente defectos difíciles de corregir después, que deben ser hechas con toda calma por el propio aficionado, sin que a ser posible delegue en nadie una educación que andando el tiempo se reflejará en las cualidades de sus mensajeras.
Generalmente se eligen los cuatro puntos cardinales para las sueltas de reconocimiento que se harán a cuatro o cinco kilómetros de distancia, repitiendo alguna de ellas si hubiese dado mal resultados, o se notase mayor dificultad en la orientación de los pichones en su primer año no deben emplearse en los viajes marítimos, sumamente difíciles por exigírseles con ésto un trabajo superior a sus fuerzas que rara vez daría buen resultado; en todo caso debe esperarse a que tengan ocho a nueve meses, dedicándolos entre tanto a recorrer repetidas veces el interior de cada isla, para que, conociendo sus contornos y familiarizados con las elevadísimas montañas de que están formadas, puedan en el segundo año cruzarlas sin que las semejanzas entre ellas les haga vacilar.
Explicando el procedimiento que conviene seguir para designar las distancias en los viajes recorran nuestras mensajeras, se necesita tener presente y adoptar una serie de precauciones, que, evitando contratiempos en los viajes y en lo posible también accidentes desgraciados, den el resultado que el colombófilo se ha puesto.
Los cazadores y las aves de rapiña ejercen en todas partes sobre nuestras avecillas una persecución cruel para evitar en lo posible los actos destructores de aquéllos se han dictado Leyes especiales y reglamentos que colocan a la paloma mensajera bajo la salvaguardia del Estado. el cual teóricamente se encarga de proteger; en la práctica la cultura del individuo que conozca el extraordinario mérito del ser sobre el que va a tirar, podrá únicamente en las soledades de los montes detener su brazo, si aquella falta, nada bueno debemos esperar. Contra las aves de rapiña se emplean los silbatos chinos y las substancias fétidas; aquellos son unos ligerísimos canutos de bambú, o esferillas de huevos de frutas en las cuales después de colocados en el dorso de la paloma y ésta en movimiento, penetra el aire por unas aberturas que tienen, produciendo un silbido tan agudo que se asegura huyen de él las aves de rapiña; el otro procedimiento excesivamente sucio y repulsivo, consiste en impregnar el plumaje de la paloma de una composición de fetidez tan penetrante que aleja de ella a las demás aves. Como quiera que no he practicado ninguno de los sistemas, me abstengo de hacer recomendación alguna de ellos, limitándome a consignar lo que sobre el particular he leído.
Sufre también la paloma, no sólo en los viajes sino en las mismas puestas del palomar; ella ha inspirado al Sr. Castellón en su magnífica obra Colombofilia sentidas y elocuentes frases de enérgica, que por envolver una anatema fulminado contra los ladrones de palomas, y una enseñanza respecto a lo que deben hacer los aficionados no resisto el deseo de copiar.
(Otra especie de enemigo reina en las grandes poblaciones, es el colebeur de los belgas, el hombre negro como le llaman, dedicado al miserable oficio de robar palomas, empleando toda la astucia y la habilidad que sus instinto le facilitan.
(Inconscientemente la naturaleza, ayuda al colebeur español en su tarea por medio de una raza odiosa de palomas llamadas buchones, cuyo pichones vigorosos a los tres meses, y tenidos en continuo celo privados de hembras, buscan ansiosos parejas y cayendo entre nuestros pichones, que por defecto de raza poco precoces, arrastran a las hembritas jóvenes cuyo machos no las atienden lo suficiente, y siguen incautos al galán que las lleva a su palomar donde quedan presas entre redes.
(Si cabe diversión en ver trabajar, como dicen, al buchón, no lo discuto; es probable que así sea cuando hay personas muy respetables que los tienen, pero éstos devuelven los prisioneros al reclamarlos, de suerte que lo dicho sólo va para los que se dedican a aquel repugnante y vil oficio; esos no los devuelven, no, esos se gozan y complacen en ver al incauto aficionado preguntándole con cara compungida, si la ha cogido tal o cual pichón; su contestación es siempre negativa, su rostro nunca les vende, y el cautivo por bueno que sea, se vende plumado al siguiente día en los mercados públicos al precio de 5 ó 6 reales, o es galantemente cedida a un amigo.
Contra esta última especie cabe un medio de destrucción que suele dar brillantes resultados: el derecho de legítima defensa lo autoriza, y las armas de fuego lo facilitan.
Otros de los peligros hay aun para la paloma en el acto de la suelta que pueden comprometer el resultado de un viaje; tales como el que el conductor no tenga precaución de colocarse a espaldas de la cesta cuya tapa se ha de levantar, para que la paloma no encuentre obstáculo ninguno a su salida de ella, y la falta de práctica que le impida apreciar si el estado del tiempo es conveniente o no para los viajes; por regla general la suelta debe suspenderse cuando hay espesas nieblas, lluvias abundantes o vientos contrarios que soplen con violencia, igualmente los días de sur tan sofocantes en Canarias, deben proscribirse en absolutos como opuestos a la temperatura que los viajes exigen: soltando por lo contrario confiadamente en la seguridad de obtener grandes velocidades, con cielo claro, frescas brisas, o atmósfera tranquila, aún cuando el cielo obscurecido se asemeje a la famosa panza de burro tan frecuente aquí, o caigan en la parte alta y montañosa de las islas ligeras lloviznas, que desaparecen al aproximarse a la costa.
Con lo dicho se puede formar idea de la serie de sueltas y operaciones que preceden a los concursos, los cuales, aunque muy a la ligera y haciendo aplicación de ellos a esta provincia, explico a continuación.
Caracteres de los concursos en Canarias
Los concursos son unas sueltas extraordinarias a que se someten las palomas ya educadas, y que revistiendo cierta solemnidad y ostentación, dan a conocer al público en general y a los aficionados que han seguido paso a paso el curso de la educación. la bondad de las razas, el acierto en la elección de los puntos de suelta, y el orden y la pericia con que se ha procedido para conquistar, como antes dije, los premios honoríficos otorgados al vencedor.
El concurso es la aspiración constante del colombófilo y el fin que persiguen las sociedades de esta índole; para darlos a conocer se publican anualmente reglamentos y planes de educación, los que distribuidos profusamente atraen sobre ellos la atención pública; y para estimularlos se solicitan de SS.MM., de los Ministerios y de las Corporaciones y Sociedades, premios más o menos valiosos, que alentando al aficionado, le obligan a adquirir cada año nuevos ejemplares de razas probadas con que ensanchar el círculo de sus aspiraciones.
La organización de un concurso es operación complicada que exige profundos conocimientos colombófilos en el que la dirija. No basta haber tenido acierto en la elección de los puntos de suelta anteriores, y que el éxito haya correspondido a las aspiraciones de los interesados en los viajes preliminares; ni tampoco es suficiente contar con un numeroso contingente de palomas, capaces de resistir y vencer los obstáculos que la naturaleza opongan a su paso; es necesario, en primer término, que preceda un estudio detenido de la zona que haya de recorrer, teniendo en cuenta los vientos que soplan de ordinario en cada región, y su dirección favorable o contraria a la de la paloma; las cordilleras que corten a la directriz de los viajes, las cuales deben evitarse en lo posible; la utilidad que reporte al estado la comunicación alada con tal o cual isla de importancia estratégica, que sirva de enlace a las demás; el conciliar en lo posible los intereses, a veces opuestos, de las diversas Sociedades que radicando en una misma o en diferente isla, tomen parte en el concurso, y en una palabra, se necesita saber armonizar con las condiciones atmosféricas favorables al vuelo, las demás que debe reunir el trayecto elegido para que resulte aceptable y conveniente.
La primera operación de toda serie de viaje y concursos organizados por Sociedades, es la reunión de la junta general de socios, que eligen, discuten y aprueba: 1º. el itinerario que se debe seguir tanto en los viajes preparatorios como en los concursos finales; 2º. la época más adecuada para llevar a efecto; 3º. el reglamento que rija. Así mismo debe elegir la junta la comisión de concurso. que está compuesta de varios individuos un presidente y distintas subcomisiones encargadas de llevar todas las operaciones.

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